Nuestra historia
La Iglesia Bautista Particular Faro de Gloria nació de una manera sencilla, silenciosa y profundamente providencial. Como muchas iglesias fieles a Cristo, sus comienzos no estuvieron marcados por grandes recursos ni por una amplia visibilidad pública, sino por algo mucho más valioso: el deseo de escudriñar las Sagradas Escrituras y conocer más profundamente a Dios.
Todo comenzó en la sala de un hogar, donde un pequeño grupo de personas se reunía semanalmente para estudiar la Biblia. En aquel ambiente sencillo, pero caracterizado por la reverencia y el amor por la verdad, el Señor comenzó a obrar poderosamente por medio de Su Palabra. Con el paso del tiempo, Dios fue añadiendo nuevas personas, levantando creyentes nacidos de nuevo que manifestaban un genuino amor por las Escrituras, la sana doctrina y la gloria de Jesucristo.
Lo que inició como reuniones pequeñas se convirtió, por la gracia de Dios, en una comunidad unida por el evangelio. En el año 2014, la Iglesia Bautista Particular Faro de Gloria fue constituida oficialmente, reconociendo la fidelidad del Señor al sostener, fortalecer y edificar Su obra. Desde entonces, la congregación ha sido testigo de la guía providencial de Dios, de Su cuidado constante y del poder transformador de la predicación fiel de las Escrituras.
Cada etapa de su historia ha sido un recordatorio de que Cristo ama a Su iglesia, la sostiene con Su gracia y continúa edificándola para la gloria de Su nombre. Todo cuanto la congregación ha experimentado y alcanzado ha sido resultado de la bondad, misericordia y fidelidad del Señor.
En la actualidad, la Iglesia Bautista Particular Faro de Gloria continúa avanzando con el mismo propósito que caracterizó sus comienzos: amar a Dios, vivir bajo la autoridad suprema de las Escrituras, proclamar fielmente el evangelio de Jesucristo y servir con amor a las personas que el Señor pone en su camino.
La congregación extiende una cordial invitación a todos aquellos que desean conocer más acerca de Cristo, crecer en el conocimiento de la Palabra de Dios y adorar al Señor en un ambiente de reverencia, comunión y sana doctrina.